viernes, diciembre 15, 2006

Fragmentos de la memoria nacional (comentario acerca del documental "Fernando ha Vuelto" de Silvio Caiozzi)

La memoria, eje central de toda sociedad actual, se manifiesta abiertamente en la identidad e idiosincrasia de los pueblos en su determinada particularidad. A mayor conciencia de los propios pasos más es el temor de repetir nuestros errores y esto mismo, la seducción por lo prohibido y negado, nos hace caer también en repeticiones cabales de nuestra propia historia. Así, en la sociedad posmoderna como en sus antecesoras, se hace primordial la necesidad de olvidar, de empezar desde tabla rasa, de reinventarse y renacer, el olvido es la catarsis de los últimos siglos empapados de guerra, injusticia, miseria e ignorancia. El olvido es la única llave para poder avanzar, porque es tanto el peso de nuestros pecados que si lo cargáramos por completo no podríamos levantarnos, si bien Milan Kundera afirma en una de sus obras Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Pareciera ser que el peso de nuestra propia existencia nos agobia, y la realidad más que la bendición de la claridad nos enceguece y no hace más que torturarnos. El hombre necesita sus utopías, necesita reconstruir sólo momentos felices que ayuden a aplacar la desolación que produce la falta de disfrute en el cotidiano, en el día a día. El tiempo sublima a los hechos y ensalza a los héroes, la historia colectiva así se transforma como en un cuento lejano, y nuestro mayor acercamiento siempre es feliz y lleno de nostalgia, incluso en la línea temporal particular de cada individuo o familia.

Si cada hombre fuese como el Ireneo Funes que describe Borges en uno de sus cuentos, la capacidad de asociación entre los hombres y la relación con el mundo de ser tan auténtica no serviría, pues como el mismo personaje afirma "Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras"; si cada hecho realizado por nosotros es capaz de afectarnos de tal manera de permanecer con claridad en nuestra memoria no seríamos concientes de ella, y la linealidad de nuestra existencia se reduciría a un conjunto de detalles que de todas maneras nos impedirían llegar a un conocimiento total. El relator del cuento afirma “Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.”, y la afirmación de que cada recuerdo y olvido configura nuestra capacidad de análisis y relación se hace indudable mirado a través de este prisma en el que Borges trata de delimitar tiempo y espacio, siendo el segundo consecuencia del primero. El cuento nos habla de la necesidad de las sombras, mientras que el Documental de Caiozzi, desde el otro extremo, clama por lo trascendental de sacar luz desde las sombras de la memoria, sobre aquello que es importante recordar y sin embargo, por una serie de circunstancias del pasado, ha sido olvidado.

Fernando ha vuelto Relata el viaje de Fernando Olivares, desaparecido a la edad de 27 años durante la dictadura, y de sus familiares a través del dolor, la historia de su reencuentro tras 25 años de triste incertidumbre en una fría sala de estudios de medicina forense, donde al fin yacen en paz sus restos encontrados durante la excavación del patio 29. Es el afán de la familia de Fernando la espina dorsal que, a mi gusto, articula todo el sentido humano de lo documentado, cómo la ignorancia no ha mermado su inquietud, sino que muy por el contrario, el dolor de no saber el paradero de su ser querido se ha hecho profundo dejando en una constante e indeleble espera de culminación de su vía crucis a través de la historia de la tortura y los abusos durante el régimen militar. La necesidad de Caiozzi por documentar, una forma de recordar, este fragmento central en la vida de esta familia, nos hace articular en gran medida un pequeño pasaje desconocido dentro de la historia colectiva del país. La memoria, eje central de lo explorado, toma diferentes caras, de documento, documentador y testimonio vivo, otra de sus caras visibles es como el cuerpo de Fernando se vuelve la llave para abrir una brecha atemporal que muestra su destino y las circunstancias de su muerte.
El recuerdo es el que prevalece por sobre la desaparición que, a rasgos muy generales, implica la alarma sorpresiva por aquello que en su minuto estuvo y ahora sólo existe en la memoria, y que nos entrega un espacio que se vuelve reciente frente a la incertidumbre del paradero. Es por esto de vital importancia la incertidumbre y el recuerdo para echar a andar la maquinaria del conocimiento empírico, la voluntad de recuperar aquellas líneas perdidas en la manipulación de la historia, aquello borrado a la fuerza de la memoria colectiva, ocultado sin vergüenza alguna y posteriormente negado. Si bien en una primera instancia se admite que la memoria familiar, luego de tantos años expuesta y contaminada con la inevitable sublimación de los hechos, entorpece en alguna medida a la exploración científica de los acontecimientos, es ella y sólo ella la que en estos momentos suscita a la investigación, son sólo los familiares de Detenidos Desaparecidos quienes, a pesar de nadar dentro del mar de silencio que representa la sociedad actual del país, piden a gritos la verdad desde hace años inquietando a las autoridades y a aquellos que pudieran tener responsabilidad sobre la difusión de la verdad que ha sido borrada. Como afirma el hijo de Fernando con rencor frente a la obtención casi arqueológica de la verdad desde los huesos de su padre. Cada vez nos sorprende menos este tipo de hechos. Muchos afirman que el conocimiento real al enfrentarse con el heroicamente confeccionado por ambos lados del conflicto podría causar una crisis de identidad severa en el país, artimaña nonagenaria usada como excusa, refiriéndome a nivel mundial, para ocultar los peores holocaustos y delitos contra la humanidad.
¿Entonces estamos dispuestos a dejar sin castigo antiguas muertes innecesarias por temor a lo que la verdad pudiera hacerle a la sociedad actual? La ley de Amnistía, pretende condonar en algunos casos delitos que atentaron directamente y en conciencia contra los Derechos Humanos, parece decir que sí a evitar una reacción adversa a nivel social por asuntos tachados de “viejos” ¿Podríamos decir que este perdón debido al temor tiene alguna validez desde la mirada crítica de Caiozzi que es sólo un índice de muchos otros? ¿Podríamos avalar el dejar de lado la profunda convicción y búsqueda de la verdad por el sólo temor de la repercusión que el conocimiento de esta pudiera tener sobre el país? Si bien, como afirmé en un principio citando a Kundera, el peso de nuestra historia nos agobia y tortura, la libertad de elegir este agobio es necesaria para obtener la dignidad necesaria de la existencia. La decisión de olvidar en la ignorancia no es propia del ser humano por el daño que produce, la carga de la ignorancia y restricción puede llegar a ser mucho más pesada que la de recordar, sobretodo cuando es el temor difundido por pocos para su propio beneficio el que influye en esta opción.

A pesar del horror vivido por nuestro país durante el régimen militar es increíble la indiferencia con la que nos movemos en el día a día, lo poco que sabemos acerca de las violaciones a los derechos humanos de esa época y lo poco que nos interesa el aceptar la realidad de lo ocurrido, indagar parte de nuestra identidad, como por necesidad lo hicieron los familiares de Fernando Olivares. El individualismo exacerbado de la posmodernidad nos impide ver más allá de nuestras narices, y no podríamos ver las necesidades del otro aunque quisiéramos porque somos incapaces aún de ver las propias. Es increíble que a pesar de todo lo ocurrido durante la dictadura sólo este hecho nos pudo entregar una identidad clara como pueblo chileno, algo que no se había podido conseguir en los más de 170 años de Chile como nación independiente, y sin embargo parecemos haber olvidado el horror por completo, como si estuviésemos esperando que otra ola de asesinatos viniera a refrescarnos la memoria de pronto para así recuperar una propia colectividad.

domingo, noviembre 05, 2006

Origen de la simbología Mariana en el arte occidental (Comentario de Historia del Arte)

Si bien la figura de la Virgen María ya estaba contemplada en aulas paleocristianas posteriores a la oficialización del cristianismo en el año 323, construcciones como el Mausoleo de Santa Constanza y la catacumba de San Pedro y San Marcelino nos muestran no sólo una visión muy alejada de la actual convención simbólica de la Virgen, establecida casi íntegramente durante el Gótico, sino que a una Virgen María completamente influida por el Helenismo inmediatamente anterior, acercándola mas a una diosa pagana que a la madre de Jesucristo. Si bien en los mosaicos parietales de Santa Constanza se intuye que la importancia de María radica en todos aquellos pasajes de la Biblia que narran la primera etapa de la vida de Cristo, tales como la Anunciación y el nacimiento de Jesús, en casos como el de la catacumba de San Pedro y San Marcelino, que contiene representaciones de características aún más antiguas, es aún posible ver a un Jesús-Apolo e incluso a una virgen María desnuda y sin halo, tal y como sería representada Venus durante el imperio romano.


Figura nº 1
Catacumba de San Pedro y San Marcelino (Roma, s. IV d.C.)
Detalle de pintura en cúpula: El buen pastor (Centro) y María (Abajo)



Con el paso del tiempo, y ya entrando en el periodo Románico, la figura de María es desplazada debido a esta ambüedad en favor de otra mujer gravitante en la Biblia: Eva. Este fenómeno se debe a la conveniencia política durante estos años de aleccionar al fiel por medio del temor, recayendo en la figura de la mujer todo el peso de la sexualidad y el pecado mundano que, por razones obvias, no podía ser cargado sobre la madre de Jesús. Así es atribuido en exclusividad el pecado de la carne, o la representación de la debilidad humana como la peor falta de todas, a una Eva reconocida desde siempre bajo la culpa del pecado original. Por otro lado la Teología planteaba múltiples dudas acerca de la virtud, virginidad y piedad de María basándose en apócrifos de Santos y otros estudiosos, por lo cual resultaba inconveniente exponer más aún a la figura de la Virgen, que permanecía dentro de la cristiandad casi en un nivel mitológico. Por tanto la figura de María queda casi completamente marginada del arte en Europa, salvo en los códices con un estilo más libre en donde siempre es representada en un papel secundario junto a Jesús.


Figura nº2
Ilustración de María y el niño en códice
Comentario de San Jerónimo en el libro de Isaías (Francia, 1125 d.C.)



Con posterioridad al año 1000 se sabe que comenzó a adoptarse el culto Mariano con mayor estabilidad y continuidad, principalmente debido a la profunda creencia de que ella, abogada de la humanidad, había salvado en el fin del milenio a los hombres del peso del juicio final anunciado por Juan en el Apocalipsis. Por esto el Gótico, como manifestación artística profundamente femenina (Contrario a la masculinidad del Románico) y estrechamente relacionada a la intelectualidad, anexa este fervor hacia la virgen como pilar central y no solo representándola junto a Cristo, sino que a su derecha y bendita por él como intermediaria entre el cielo y la tierra. En pequeñas figuras de marfil inglesas y francesas de la época podemos ver al niño Jesús en los brazos de su madre con la naturalidad de cualquier niño, indicándola con la mano derecha mientras que con la mano izquierda le ofrece una manzana: Ahora es María la nueva Eva, la mujer que redime los pecados de la pagana expulsada del paraíso, que lava el pecado original.



Figura nº 3
Madonna Odegitria o con niño (1250 - 70, Francia)
Tallado en marfil


El juicio final había sido superado según creencia popular, por lo cual, y junto a esta imperante visión mariana, se adjunta una mirada positivista sobre el Apocalipsis, rescatándose de este la salvación, el arrepentimiento y la venida de Jesucristo a la tierra, dejando finalmente de lado la idea de lo monstruoso rescatada por el Románico de este escrito. La Jerusalén celeste y el reino de dios en la tierra prevalecen sobre cualquier otra lectura para la Teología y el resto de la intelectualidad de la época. En el Gótico, especialmente el siglo XIII en su periodo clásico francés, afloran las catedrales investidas de una idea de elevación y levedad denominadas Notre Dame (Nuestra Dama), siendo las más célebres Notre Dame de París y Notre Dame de Chartres. Esta ultima, reconstruida tras un incendio en 1194, era la principal cede del culto mariano en Europa desde mucho antes del siglo VIII debido a la posesión de una reliquia importante en la biografía de la madre de Cristo. La Sancta Camisia, donada a Chartres en el siglo X por la familia de Carlomagno, era objeto de adoración y peregrinación de cientos de fieles el toda Europa: La túnica, usada por la virgen al dar a luz a Jesús, era alabada como a dios mismo, y su salvación en el antes mencionado incendio estimulo la creación de un nuevo y mejorado templo más grande y espacioso, más imponente que el anterior. Se buscaba para la Virgen y Cristo un pequeño cielo en la tierra, generar también la idea del útero protector de los fieles dentro de los templos oscuros y cálidos, eso relacionado a lo femenino y lo maternal como valores de la virgen.

Muchas manifestaciones de Arte evolucionaron bajo las ideas marianas desprendidas del estudio teológico. El ejemplo mas claro de esto es el arte del vitral, que sirvió para explicar como María, siendo virgen, pudo concebir al niño Dios en su interior: Como la luz penetra en el cristal y lo atraviesa sin causar en él mácula, entro Dios en María y su transparencia albergó la fe suprema y el amor de Jesús. A través de esta idea de gracilidad llegamos a entender la concepción formal de los vitrales, rosas que representan simbólicamente a la virgen y su virtud, y el protagonismo de estos en las fachadas Góticas no puede ser pasada por alto como la mayor muestra de fervor cristiano a María, esto siempre bajo la indicación de Jesús sobre ella.

A fines del siglo XIII el culto mariano estaba tan masificado que se había convertido en una suerte de rama central del cristianismo: para llegar al cielo el pasaje es María, es ella quien intercede ante un Jesús Dios que es su hijo, y por tanto es ella el único nexo y tránsito entre la humanidad y el mundo divino al que no nos es posible aspirar. La imagen de la mujer, esta vez en María, vuelve a tener un vínculo con la naturaleza humana, esta vez viendo a la fragilidad del hombre como un nítido reflejo del amor de Dios a la creación.

A modo de conclusión cabe destacar que el repaso por la figura de la virgen María, explotado inicialmente durante el Gótico y estableciéndose en este lapso la iconografía relacionada vigente hasta nuestros días, está siempre referida a la madre de dios como expresión simbólica de la pureza, lo inmaculado y lo celestial: es por esta razón que siempre es representada en túnicas azules, blancas y celestes, colores que apuntan a la paz, pureza y humildad. Se le atribuye por medio de estas cualidades el punto intermedio entre la naturaleza humana de su origen y la divinidad de su función. Notable también resulta la estrecha relación entre la luz, la virgen y su virginidad, entregándonos una estimación acerca de cual era la importancia del rol femenino en el contexto de una sociedad en la cual la mujer no sólo era limitada y escondida, sino que además considerada completamente inferior a la figura masculina, que sin embargo en la iglesia se permite el lujo de compararla directamente con la luz, simbólicamente la representación total de Dios y el ejercicio de su divinidad sobre los hombres.


Bibliografía

1. NIETO ALCAIDE, Víctor (1993). La luz, símbolo y sistema visual : el espacio y la luz en el arte gótico y del Renacimiento. Madrid, ed. Cátedra.
2. RUNCINAM, Steve (1988). Bizancio: Estilo y civilización. Bilbao, ed. Xarait.
3. SIMSON, Otto Georg von (1982). La catedral Gótica: los orígenes de la arquitectura gótica y el concepto medieval de orden. Madrid, ed. Alianza.

sábado, noviembre 04, 2006

Las Colecciones Audiovisuales de Peter Greenaway (Análisis de Cine)

La crítica de arte contemporánea ha hablado de la forma de producir material audiovisual de Greenaway como una especie de "Humor Misántropo", poniéndola al nivel de una exhuberancia personal. Esto debido a lo taxonómico de sus medios y, sobre todo, a su gran pasión por las colecciones que hace manifiesta principalmente a través de sus cortos: largos relatos establecidos por sucesiones de planos breves de objetos bidimensionalizados por el paralelo de la cámara frente a ellos.

En la serie de cortos vistos, a excepción quizás de Intervals (1969) que, por ser el primero, posee un afán de investigación casi exclusivamente formal, la apropiación que Greenaway hace del género documental se ajusta a esta búsqueda del orden excesivo de una información que sólo adquiere relevancia por medio de la adopción de dicha forma. El documental, como estructura, se manifiesta en su obra en tres elementos: en primer lugar está el trabajo de audio, cuya figura siempre es un relator en tercera persona que sucede en su narración hechos acontecidos en un pasado indefinido, luego se encuentran los datos que conforman el corpus del relato y, finalmente, las imágenes que están a merced de la resignificación que dicho relato pueda darles. Cuando hablo de la apropiación de esta estructura me refiero a que, como en algún capítulo de Rayuela de Cortazar, las imágenes e información de estos cortos sólo son significadas por la estructura en la cual el director las sitúa, ya que en su naturaleza totalmente corriente (un grupo de teléfonos, planos reiterados de ventanas, escenas en la vida de una familia de la campiña inglesa) o totalmente ficticia (datos de suicidios inexistentes, descripción geográfica de una guerra que sucederá dentro de miles de años) podrían casi sostener cualquier tipo de discurso establecido sobre ellas. Acerca de esto también es interesante la elección de la información entregada que no siempre es ficticia, como en Dear Phone (1977) o Water Wrackets (1975), sino que nace de una premisa de aparente normalidad para alejarse en el clímax hacia un punto de abstracción al que también son arrastradas finalmente las imágenes (H for House, 1975).

En esta sucesión de imágenes, como he dicho en un comienzo, se desarrolla todo el afán recolector de Greenaway. La colección de imágenes de un mismo tipo de objetos (teléfonos, ventanas, corrientes de agua, escenas en la vida de una niña que, aunque sea humana, también pasa a ser un objeto a catalogar) se hace manifiesta como tal a través de la "Cosificación" y clasificación de las imágenes en un código completamente formal propio de la pintura, esto en relación a lo reiterando del gesto de mostrar dichos objetos en un plano que los hace bidimensionales como si buscara alejar al video de la falsa cualidad de registro y tridimensionalidad que tradicionalmente posee. Podría decirse entonces que, en algunos casos, esta colección de "Imágenes de Objetos a Coleccionar" se convierten en planos potencialmente tergiversables y asiduos, en este caso, a corresponder los recodos que una elaborada voz narradora (propia del documental en inglés), despojados ya de su implícita verosimilitud.

A pesar de una simbología específica que pueda atribuirse a ciertos objetos ("Hiroito", en Dear Phone, como un nombre referente a la inutilidad de la tecnología de punta venida desde Japón; o la ventana en referencia al lenguaje del cine y la pintura como pasajes a otras realidades de desarrollo metalingüistico), para Greenaway ya una imagen no dice más que las palabras, es tan verídica como un relato en su pasividad cotidiana. La palabra, dicha o escrita ocasionalmente en la calle en algún anuncio, tiene un valor y una fuerza en sí misma capaz de superar por mucho la neutralidad de las imágenes que él se esfuerza en opacar. La relectura hecha bajo su dirección de circunstancias comúnmente inofensivas muestra una imaginación capaz de componer planos de un modo perfecto (colores y formas que adquieren un valor plástico y, sin embargo, pierden un sentido) y dotarlas, en un nuevo contexto, de una perversidad o ingenio que sólo pueden ser dados en la producción audiovisual. En importante medida podría decirse que Greenaway aprovecha la "neutralidad" a la que puede ser sometida un objeto, evidenciada por Duchamp, para un ejercicio que enriquece tanto la parte plástica como cinematográfica de su trabajo.


Figura nº 1 Stills cortometrajes de Peter Greenaway (1969 - 1975)


Figura nº 2 Stills cortometraje Dear Phone de Peter Greenaway (1977)

The Pillow Book: Un libro y un cuerpo (Análisis de Cine)

Se estima, por la naturaleza de sus intereses, que dos grandes constantes en la obra de Greenaway son las letras, incluso como información inocua incapaz de ser leída, y el estudio de la anatomía, que le ayuda a reducir cuerpos humanos a simples materias vivas recortadas por el lente de una cámara. Las letras, como dibujo, lo proveen de una herramienta plástica infalible en la mayoría de sus obras (bajo un mero gesto compulsivo de la mano como también una herramienta de entregar información secreta al espectador atento); el cuerpo desnudo como un soporte de la pintura tal y como lo dicta la tradición pictórica occidental.

En una mirada general, The Pillow Book es una película que habla de varios temas que finalmente convergen en un mismo punto: tanto el viaje, como la escritura y el cuerpo, terminan siendo una especie de crónica de la nostalgia y del registro de una memoria que parece en una constante ausencia a lo largo de toda la película. Se habla del tema del viaje como una instancia de transformación profunda (huida absoluta y cambio radical) y de la escritura (el acto de escritura sobre lo escrito) como soporte de la memoria que, en la melancolía, es exigida de regreso.

Considero, en una visión más inmediata, que la relación con la pintura establecida por el depurado trabajo de las escenas se ve también cuestionado en la calidad plástica del gesto de escribir como un acto también de dibujo y, además, de apropiación de lo escrito. La denominación, como herramienta que en un comienzo reconoce e identifica a la protagonista, se transforma en una especie de herencia que, a través del mero gesto gráfico, convierte a la que fue soporte de la escritura en el escritor material e intelectual posteriormente. El cuerpo, como soporte de esta escritura, se describe en las escenas casi de forma manierista, dándosele al cuerpo una calidad de herramienta ritual-animal y no particularmente humana que recalcando el gesto gráfico como dador de vida.

El transcurso de la historia, desde un cotidiano ritual que probablemente no se aparta de lo que pudiera ser interpretado como un estereotipo de la vida en oriente, varía abruptamente a una línea de acciones que se vuelven puramente imágenes en un transcurrir similar al de los pequeños poemas japoneses (Haiku).

El viaje que ocurre a la protagonista es también un viaje literario: mientras ella compone innumerables haiku sobre la piel de sus amantes, los propios sucesos en su vida se van configurando de igual forma que estos poemas-imágenes como consecuencias contrastadas y combinadas de acciones acontecidas en un pasado distante (escritura sobre su cuerpo como precedente de un libro hecho de piel humana, escritura como venganza y premonición de un desenlace fatal). Finalmente toda la película habla del aprendizaje del escritor para captar la esencia misma del registro iconográfico que plantea la escritura. Esta traducción parece importarle más al director: como es posible, en la producción audiovisual, conseguir una simultaneidad semántica que las obras de todo tipo en oriente contienen de manera implícita, la obtención de una pieza pluridisciplinaria a través del trabajo a distintas capas en la producción fílmica. Una cita de Greenaway, en relación a la película, es bastante específica al respecto:

The Pillow Book es sobre el lenguaje visual, oral y textual, y la manera en que en Occidente separamos la pintura de la literatura, mientras que en Oriente van unidos; así cuando ves la imagen lees el texto y viceversa. (…) La historia de la pintura japonesa es la misma que la de la literatura y la caligráfica. Todas se unen en matrimonio, y me gusta imaginar que podríamos usar esto como base para la reinvención del cine.

El atractivo del montaje final de la película resulta, a mi gusto, esta linealidad del relato que sirve únicamente como excusa para la yuxtaposición de imágenes, palabras y acciones: tal como en el mismo sistema de escritura japonés, en la película las escenas y datos se apilan unos sobre otros adquiriendo significado bajo el grueso de toda esta capa de información entregada, llegando también a entenderse que el cine, en su forma de producción, también cuenta con esta capacidad de acción simultánea desde distintos ámbitos.

El intento de construir una metáfora por medio de la escritura–tatuaje los tiempos que se capturan en la producción de arte resulta para Greenaway no sólo un ejercicio para hablar de la forma en que esta es, efectivamente, un contenedor de la memoria, sino que, además, un fiel contrapunto en el sentido y la importancia del ritual que una mirada nostálgica occidental imprime en su propio registro del mundo oriental.


Figura nº 1
Escena de la película The Pillow Book de Peter Greenaway (1996)

La Costura Como Sistema: Ensayo de capítulo de Memoria de Grado acerca del uso de la costura como sistema en las artes visuales (Análisis de Arte)

Introducción

Este texto tiene por objeto ser una instancia de reflexión en torno al proceso creativo en el cual se enmarca la producción de mi obra durante los últimos dos años. Por medio de este busco establecer una concreción de conceptos y elementos partícipes en éste, así como la vinculación entre los mismos durante el trabajo en cuestión, en este capítulo acotándome exclusivamente al concepto de costura abordado desde su conformación como sistema, su significado y desarrollo dentro de mi obra.

El objetivo de este escrito es, entonces, redondear la idea de costura utilizada en el proceso y la reflexión en torno a su calidad de sistema autónomo reinserto en un nuevo contexto donde, a pesar de mantener su forma, su identidad y función variarán incuestionablemente.


1. La Costura Como Sistema

La costura, como principal medio de producción en mi obra, es entendida como un sistema autónomo extraído desde el cotidiano, en el cual posee una utilidad y uso específicos. Su principal característica es la capacidad de unir dos o más materiales, distintos o iguales, previamente separados, por tanto su vinculación no existiría de no establecerse dicho sistema entre estos componentes.

Estos “Universos desvinculados” pueden, como ya mencioné, ser de la misma materialidad o de una diferente, dependiendo de la utilidad que se busque dar a la costura: la función de reparación, como es zurcir un agujero en un calcetín; la función decorativa, como lo es el bordado; y finalmente la única función de vínculo entre dos o más objetos, como es posible ver al pegar un botón o al diseñar ciertos tipos de patchwork.

Es esta última utilidad, la de vinculación, de la que se sirve mi trabajo y por la cual extraigo el ejercicio de la costura en cuestión desde su contexto original: la aplicación de este sistema dentro de un nuevo orden permite que elementos de muy variada obtención se equiparen en la convivencia carente de funcionalidad bajo la forma misma de lo cosido: se establece entre todos los componentes partícipes un nuevo sistema.

Para dar inicio al análisis particular, me referiré al término sistema como es entendido para el estudio de la física: un pedazo de materia existente, viva o inerte, que puede ser comprendido como una estructura abierta o cerrada. En este caso, al igual que en el caso de todos los sistemas a excepción del universo, la estructura de la costura es abierta debido a su permeabilidad constante respecto de su contexto. Es necesario recalcar entonces que el motivo por el cual doy relevancia a la costura como sistema es el hecho de que, al ser esta descontextualizada, variarán sus funciones sin ser modificadas su carácter e identidad y es por esto que conceptos asociados al de coser engloban funciones en distintos ámbitos y sin embargo son reconocibles bajo la misma forma (Confección, cirugía, psicología y literatura, entre otros).

Mi proceso de obra, que ha descontextualizado a la costura de distinta forma dentro de la producción, ha utilizado las dos antes mencionadas variantes permitidas dentro de este sistema: la unión de materiales disímiles y semejantes.


1.2 unión de materiales disímiles.

En el primer caso, de vínculo entre cosas diferentes, he escogido el material debido a la distancia temporal y contextual entre una pieza y la otra. En todos los casos, tanto uniendo tela como papel, la composición de un total amorfo de proliferación risomática responde visualmente casi a la necesidad de coser como un ejercicio de reiteración maníaca de un tic, convirtiéndose sus partes en pequeños saltos temporales evidenciados en la convivencia forzada que, bajo la observación simultánea, resalta las diferencias de origen y calidad. En la serie “Arquitecturas aéreas” (2005), donde el material de trabajo son piezas pertenecientes a ropa femenina cuyo origen se establece en el desarme o descocido de estas, la obtención de dichas partes es múltiple y a pesar de existir un claro criterio de selección (Ropa femenina usada y blanca), este da como resultado múltiples interpretaciones de una misma regla. Es evidente en este caso la diferencia de origen de las partes en su materialidad, tamaño y forma, por tanto es imposible no reconocer al sistema que las une como vínculo regulador a pesar de ser una norma arbitraria. La forma total, habiendo descontextualizado y desfuncionalizado parcialmente a todas sus partes (Costura y vestuario) es entendida como una síntesis producida por el choque de dos sistemas detenidos.

Esta estructura análoga a la dialéctica hegeliana también es aplicable a la serie “Papelería Unida” (2006), en la cual uno por medio del hilván papeles manuscritos que por sus diferencias de color evidencian un distinto paso del tiempo por ellos: tanto las cartas como la costura han perdido su función originaria dando paso a una síntesis que permite ver variadas temporalidades de forma simultánea. Por medio de esta unión de elementos, en donde el material se somete pasivamente a la acción continua de la aguja y el hilo que lo desnaturalizan, las partes se conforman como pequeñas ventanas temporales que hacen del total analogable a la estructura de la memoria, entendida bajo el concepto de Ricoeur como un conjunto de imágenes simultáneas potencialmente accesibles por la vía del pensamiento a través de saltos temporales o intervalos distintos al tiempo presente, como en una especie de realidad o tiempo quebrados. En mi trabajo estas piezas se vuelven índices de un total que se intuye y que sin embargo no es visible dentro de la forma, convirtiéndose cada una en una parte cercenada o una huella de otros sistemas desconocidos.

Esta convivencia simultánea de distintos tiempos es comparable a la risomática superposición de imágenes presentes en el sistema de pensamiento humano, y es por esto que tomo a la costura a modo de “hilo conductor” o norma que permite una vista total de sus partes adheridas para una posterior observación de sus detalles: para que múltiples elementos distantes compartan un mismo espacio es necesario que exista una norma que, pese a su arbitrariedad, en cierta medida iguale sus funciones y protagonismos y permita una lectura expedita de un todo.


1.3 unión de materiales semejantes.

En cuanto a mi obra y la unión por medio de la costura de elementos iguales en calidad es importante destacar que el objetivo ya no busca una simultaneidad de temporalidades, pues esta ya está implícita en dicha igualdad, sino que la exaltación de una materialidad en particular como suele suceder en todo tipo de acumulaciones. Es por esto que el uso del sistema costura se vuelve funcional y, por lo tanto, más cercano a su contexto inicial: el coser se transforma en el medio más eficiente y significativo para conformar un total.

En “Casa voladora” (2006), donde el material unido son servilletas de mesa corrientes, el objetivo es resaltar su materialidad anónima en el contexto cotidiano, consiguiendo por medio de la unión de estas y su acumulación que ésta salte a la vista, paradójicamente anulando su identidad como objeto. Sobre el telón conformado por el papel se proyecta una fotografía en la cual una casa (de Valparaíso) parece caerse a pedazos y sus planchas se asemejan en forma y color al de las servilletas. El cuerpo del papel, ordenado y modulado debido a la forma original de la servilleta, tiene apariencia impermeable a pesar de su fragilidad material, contrastando con la poca solidez existente en la casa de la imagen.

En ambos casos, unión de distintos y equivalentes, la vinculación material de las partes resignifica a las mismas en la conformación de un objeto desnaturalizado por la costura, por lo cual podríamos decir que el sistema coser, extraído de la realidad y puesto en este contexto, es un medio agresivo productor de de formas que no carecen de un cierto aspecto siniestro debido a la anormalidad del ejercicio y su resultado. La proliferación de elementos unidos por la costura como medio de desarrollo resulta el modo de enlace más natural entre elementos, ya sean distintos o iguales, en la medida en que asociamos al total como una especie de Gólem que sólo puede existir debido a la inutilización completa de los elementos partícipes en su configuración.









Figura 1
Arquitectura Aérea nº 1 (2005)
Intervención con cielo falso, costura.